miércoles, 9 de marzo de 2016

Tokio; visitando el Palacio Imperial


Una de las primeras visitas que hicimos en Tokio fue ir a conocer los jardines del Palacio Imperial, un agradable lugar de paseo para los visitantes de la capital y de esparcimiento para los propios tokiotas. En los jardines es habitual ver numerosos japoneses practicando el jogging por sus paseos, una especie de pequeño pulmón dentro de la vorágine de la urbe. Visitar los interiores del Palacio Imperial resulta casi imposible, ya que es la residencia oficial de los emperadores del Japón. No obstante es posible hacerlo a las partes no accesibles del Palacio. Uno el día del cumpleaños del emperador, el 23 de diciembre y el otro el día 2 de enero, tras inscribirse a través de la web. Así que si el viaje os coincide con esas fechas más vale que lo vayáis solicitando. Por lo demás los jardines y los fosos son realmente bonitos, así como los enormes portones de acceso con sus remaches de hierro, pero al tener tan poco acceso a los edificios del Palacio Imperial por las razones expuestas anteriormente, te deja con un punto de insatisfacción, aunque creo que vale la pena darse una vuelta por esa zona.


Los edificios auxiliares del Palacio Imperial y los propios fosos que protegen las murallas contrastan con la zona de rascacielos de la estación de Tokio, ocupadas por hoteles de cinco estrellas en muchos casos. Enormes carpas nadan despreocupadas por las oscuras aguas del foso del Palacio.




Las amplias explanadas resultan estupendas para practicar deporte en pleno centro de Tokio. Nosotros accedimos hasta el Palacio Imperial desde la cercana estación de trenes de Tokio. Previamente habíamos llegado desde la transitada estación de Shinjuku en la línea yamanote de los trenes JR. Tras un corto paseo se abre un gran espacio libre ocupado por los jardines orientales y más allá por el propio Palacio Imperial




El puente de Nijubashi da acceso a los jardines interiores del Palacio Imperial. No es accesible al público, exceptuando esas dos fechas del año en las que está permitida la visita a los turistas, y desde luego es el lugar más solicitado para tomar las instantáneas de puente Nijubashi y de los edificios del Palacio Imperial reflejados en las aguas del foso. También es un  buen lugar para poner a prueba los teleobjetivos de las cámaras fotográficas.




Tras pasar un buen rato entretenidos por los jardines y disfrutando del espléndido día que había amanecido en Tokio, nos fuimos en busca del barrio de Ginza. Pero antes nos topamos con unos encantadores jardines al sur del Palacio Imperial. El parque Hibiya es otro pequeño oasis en pleno centro de Tokio, con gran variedad de árboles y unos estanques que dan paz y sosiego. En un pequeño montículo se eleva la campana de la libertad, donada por los Estados Unidos tras la guerra.


Las escenas más imposibles en cualquier ciudad, aquí en Tokio son posibles

La enorme estación de Tokio no pasa desapercibida. Para los tokiotas este gran edificio de más de cien años es todo un símbolo de la ciudad. desafortunadamente las obras de la plaza que se llevan a cabo actualmente no nos permitió contemplarla en todo su esplendor. Pero no es un problema, una de las muchas razones que tengo para regresar a Japón. Sus sótanos son una oda a la gastronomía japonesa. Más adelante entraré en todas las posibilidades gastronómicas que ofrece.



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