jueves, 17 de marzo de 2016

Tokio; Ueno y el distrito de Yanaka


De nuevo la línea yamanote de trenes nos dejaba en la estación de JR de Ueno. A primera hora de la mañana esta línea que circunvala Tokio suele ir llena de pasajeros en sus desplazamientos diarios al trabajo. Al llegar a la estación buscamos la salida sur ya que en esta zona de Ueno está el conocido mercado de Ameyoko. La verdad es que una vez conocidas sus calles, sus puestos de frutas y verduras y las decenas y decenas de tiendas donde poder adquirir casi cualquier cosa, nos llevamos bastante decepción con lo que nos encontramos. La mayoría de los comercios mostraban mercancía que parecía fabricada en China, ropa de muy baja calidad y baratijas sin interés alguno. Es como un gran mercado de Asia, así que no entiendo el interés que despierta este mercado, a excepción de los puestos de comida. Un montón de gente pululando por sus calles que carecen de encanto o belleza visual, con lo que decimos dejar de callejear por allí y dirigirnos al parque de Ueno.


El primer contacto con el Parque de Ueno, especialmente con su laguna, no fue muy bueno. Tanto el lago como muchos de sus paseos que lo bordean daban la sensación de cierto abandono, algo verdaderamente extraño en Japón y aún más en Tokio. Aunque había zonas en obras de mejora no nos hizo presagiar una visita exitosa. Bien es cierto que una vez metidos en el interior del parque, y tras los primeros contactos con los templos que pueblan el mismo, la sensación fue mucho más positiva. Ueno alberga varios museos importantes de Tokio como el Museo Metropolitano de Arte o el Museo de la Naturaleza y la Ciencia entre otros, un importante templo y el zoo de la ciudad. Así que lo mejor es seleccionar previamente que se que se quiere hacer o visitar. Si se va con niños puede ser interesante una visita al zoo o al Museo de la Naturaleza, pero como éste no era nuestro caso obviamos todo eso.




Desde el primer contacto que tuvimos con Japón, y más concretamente con sus numerosos templos, nos llamaba la atención estas tablas de madera que se adquieren en los mismos a un precio que suele rondar los 500 yenes. En ellas los creyentes escriben sus deseos de salud, prosperidad, buena suerte o cualquier otra petición con la esperanza de que los mismos sean atendidos por los dioses. Se llaman ema, y siempre se encuentran junto al templo.


La entrada al templo de Gojo-Tenjinsha viene precedida por un pasillo con decenas de tori rojos, a semejanza del templo de Fushimi Inari-Taisha de Kyoto, pero en una escala mucho menor. Al final del camino el templo ofrece un lugar calmado de oración guardado por estatuas de piedra y dedicado a la salud.






La colina del gran Buda, una estupa en un montículo rodeado de árboles. Lugar de oración, y anexo sobrevive  la cara de un gran buda que vigila en silencio las tablas con los deseos escritos por los fieles (ema) y que cuelgan como en todos los demás templos del Japón.






El Santuario Toshogu, conocido también como el templo de oro por la inmensa cantidad de pan de oro utilizada para adornar el mismo, es quizás el templo más importante de Ueno. Sobreviviente desde mediados del siglo XVII a los numerosos terremotos y guerras, es el mejor exponente del famoso periodo Edo, y sigue brillando con luz propia. Como en todo templo antes hay que lavarse las manos antes de arrojar la moneda al cajón y pedir los favores a los dioses.






El distrito Yanaka, situado en el noroeste del parque de Ueno, representa el Tokio más tradicional encerrado en el centro de la ciudad. No está a más de veinte minutos andando desde el zoo de Ueno. Esta zona superviviente de guerras y terremotos curiosamente  no recibe demasiadas visitas por parte de los turistas. Conserva su sabor añejo con antiguas casas apiñadas en estrechas calles, templos escondidos e incluso algún que otro pequeño museo gratuito. Es una zona para saborear tranquilamente, pasear sin prisas prestando atención a los detalles y a la gente que allí vive pausadamente a escasos minutos del frenesí de la gran ciudad.




Este templo fue una de las muchas sorpresas que el distrito de Yanaka nos tenía reservado. Con apenas unos fieles que se acercaban a realizar sus ruegos y oraciones, una amable anciana aspiraba los tatamis del suelo del templo, y amablemente nos invitó a entra al interior del mismo y nos permitió sacar las fotografías que quisiésemos del interior. Un bello templo con vigas y columnas en madera labrada en su exterior y un interior ornamentado con el tambor en un lugar destacado. En el altar las ofrendas en forma de fruta, algo nada extraño en los templos de Japón, y es que la fruta suele tener unos precios desorbitados en este país. Seis fresas presentadas en una bonita bandeja te pueden salir por 950 yenes, o sea, casi ocho euros.




Nuestro paseo por el distrito de Yanaka nos llevó hasta un escondido y pequeño restaurante tradicional japonés. En él no se servía demasiada variedad, lo más elaborado un menú compuesto de diversos elementos. Dicho menú se componía de arroz, sopa miso, sashimi en salsa de soja de sésamo, toppings compuesto de wasabi y otros hierbas desconocidas para nosotros, diferentes tofus y una sopa fría que se añadía al sashimi justo antes de incorporarlo a un poco de arroz, y agua o te a elegir como bebida. Lo curioso de este menú llamado "zensai" es que había que comerlo y combinarlo con un orden estricto. Para ello las camareras te explicaban con señas y gestos como hacerlo -no sabían inglés- junto a una hoja con nombres de los pasos en inglés.


Lo dicho, una experiencia muy satisfactoria, creo que de las que más cariño guardamos de todos los restaurantes, y siempre vigilados por el chef que seguía los pasos estrictos a la hora de degustar el menú. No estaban acostumbrados a ver demasiados occidentales por allí. De hecho un cliente que si hablaba inglés, e incluso un poco de español, nos preguntó con suma curiosidad cómo habíamos acabado en el barrió y en ese restaurante en particular, se le hacía extraño. Parece que los japoneses también son curiosos.


La sutileza, el cuidado, la estética con la que los japoneses presentan la comida es algo encomiable. Todo es presentado buscando un sentido, una armonía, y con una cuidada vajilla como elemento imprescindible buscando la combinación de sabores para el paladar, y la combinación de colores para la vista.




Tras la feliz comida continuamos nuestro paseo por el distrito de Yanaka, Llegamos al templo más importante de este distrito de Tokio, el templo Tennoji. Casi escondido junto a un pequeño parque ha sido testigo de la devastación en numerosas ocasiones. Hoy en día está totalmente reconstruido. Y una de las cosas que diferencian este distrito son sus numerosas casas antiguas de madera, la gran cantidad de templos, y la sensación de estar en un pueblo más que en pleno centro de esta macro urbe que es Tokio. Es por eso que no llego a comprender muy bien como esta zona no aparece en la mayor parte de guías, o en el caso de figurar pasan por Yanaka con un simple y exiguo apunte. 







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