lunes, 24 de agosto de 2015

Singapur; Marina Bay y Gardens by the Bay


Marina Bay, es el escaparate de la pujanza y prosperidad que Singapur ha alcanzado en unas pocas décadas, el espejo donde se miran el resto de grandes capitales asiáticas y que todas quieren imitar. Después de casi cuatro días recorriendo los diversos rincones de Singapur, una de las últimas cosas que hicimos en esta maravillosa ciudad asiática fue pasear por la zona de Marina Bay, para más tarde, justo antes del anochecer, regresar otra vez a la nueva creación de la ciudad Gardens by the Bay. Pero antes de todo esto, y tras tomarnos otro merecido descanso en el Starbucks del complejo de One Fullerton donde hay una buena concentración de buenos restaurantes, visitamos el Parque del Merlion.




Este símbolo omnipresente en Singapur es el resultado de mezclar la cabeza de un león con el cuerpo de un pez. En este parque de visita imprescindible para todo turista que se acerca a esta ciudad asiática hay dos estatuas de este símbolo; una pequeña recubierta de pequeñas piezas a modo de mosaico y la grande y espectacular lanzando un poderoso chorro de agua a través de su boca abierta. La foto más típica de Singapur, con su skyline de fondo.




Perfil del skyline de Singapur

Continuando por el paseo que rodea la pequeña bahía de Marina Bay, y tras atravesar uno de los puentes que salvan el río de Singapur, llegamos hasta la zona de la Esplanade, donde sin lugar a dudas destaca el teatro de la Ópera. Este es otro ejemplo más de la arquitectura moderna de Singapur. Dos espectaculares (y caras) cúpulas que albergan en su interior a una sala de conciertos y a un gran teatro, con otro auditorio exterior en los llamados Theatres on the Bay. Me resulta difícil interpretar a que puede recordar la estética de su brillante cubierta de aluminio. 


Y cómo no, el complejo de Marina Bay Sand, probablemente una de las construcciones que más nos han impresionado en nuestros numerosos viajes junto al Burj Khalifa en Dubai y al Centro Cultural Jean Marie Tjibaou en Nueva Caledonia. El Marina Bay Sand es un hotel de cinco estrellas formado por tres torres en forma de libro abierto y con una enorme plataforma en el ático que une la tres torres llamada skypark, y que ofrece un par de miradores con vistas panorámicas de Singapur, restaurante y bares y lo más espectacular, su gran piscina sin fin. Delante del hotel está un enorme y lujoso centro comercial donde encontramos todos los diseñadores internacionales de renombre y las marcas de más valor como la bonita tienda Ferrari. Todos los días, al caer la noche, el complejo de Marina Bay Sand ofrece varios espectáculos de música, luces y rayos láser para deleite de turistas, expatriados y locales. 


Pero el complejo de Marina Bay Sand es más que el lujoso hotel y el enorme casino. Un sorprendente edificio en forma de flor de loto alberga en su interior las colecciones del museo de las ciencias ArtsScience. Esta original construcción llama al atención y es visible desde todo el contorno de la bahía. Pero por si no fuera suficiente el hecho de la dificultad constructiva de este hotel, encima se añade la complicación que hasta hace no mucho esta parte de Singapur era sólo agua, parte del Estrecho de Singapur en el vasto Océano Pacífico, y que ha sido rellenado y ganados los terrenos al mar.


El gran hall de una de las torres del Marina Bay Sand

Y por último, lo más novedoso de la ciudad. En nuevos terrenos de relleno ganados al mar,  surge esta zona de esparcimiento para los habitantes de Singapur, y otra nueva ocupación en la ya apretada agenda de los turistas en esta increíble ciudad. Los Gardens by the Bay es otro ejercicio de arquitectura que pasa a engrosar la larga lista de ejemplos de Singapur, capaz de hacer y de sacar un espectáculo mágico de casi cualquier cosa. Estos frondosos jardines van transformándose del verdor y los paseos escondidos que se pueden disfrutar a lo largo del día, a un rincón de magia y variedad de colores que van prendiendo miles de bombillas y leds a medida  que la luz del sol nos va abandonando, hasta culminar en un nuevo espectáculo de luces y sonido que nos envolvió en aquellas calurosas noches de febrero. Y lo digo en plural porque no pudimos resistirnos a volverlo a ver más de una vez.








A medida que la luz diurna nos abandonaba los enormes árboles se preparaban para el espectáculo, y algunos visitantes se posicionaban para verlo desde las pasarelas elevadas. Esta zona, la llamada Supertree Grove donde se levantan estas estructuras de esqueleto de metal cubierto de piel vegetal es de acceso libre y donde esparcirse del ajetreo de la ciudad. Pero los Gardens by the Bay también poseen dos grandes invernaderos donde hay que pagar para contemplar la cúpula de las flores y la selva tropical.




Dentro del enorme recinto de Gardens by the Bay es posible cenar o tomarse un refrigerio. En uno de los supertrees hay ubicado un restaurante, pero también existen otras opciones de restauración con comida asiática, italiana e incluso una asador parrilla. Fue la opción que elegimos nuestro primer día en Singapur, cenar en el restaurante de cocina oriental con vistas al espectáculo de luz y sonido. 


Una de las imágenes que siempre nos llevamos grabada de Singapur es la de su sky iluminado

Como cena de despedida de Singapur, y después de contemplar por segunda vez el espectáculo visual de los Gardens by the Bay, nos dejamos seducir por los manjares de los puestos de la calle de comida de la Esplanade. Unos pinchitos de cerdo y los socorridos y riquísimos noodles para matar el gusanillo hasta la hora de ir al aeropuerto. En esta segunda estancia en Singapur nos alojamos en el formidable Marina Mandarín, en primera línea de Marina Bay con unas vistas impresionantes del skyline, habitaciones muy amplias, personal amable y un desayuno bufé de lo más completo que he visto. Totalmente recomendable. 



El viaje por el sudeste de Asia había llegado a su fin. Después de una experiencia única abordo del precioso ms Volendam navegando por el Mar de Andamán, y en el que pudimos visitar Malaca, George Town, Langkawi y Kuala Lumpur en la sorprendente Malasia, la isla de Phuket en la exótica Tailandia, Yangón en la ancestral y espiritual Myanmar y la moderna y próspera Singapur, este gran viaje se acababa. Pero no del todo, ya que aún nos restaban tres días en Dubai para experimentar en primera persona lo que esta ciudad nacida de las arenas podía llegar a sorprendernos....o quizás no, ya veríamos.



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