miércoles, 12 de julio de 2017

Inverness; capital de las Highlands de Escocia


Si hay algo que no se le puede negar a este crucero alrededor de las Islas Británicas es que resulta un crucero bastante exigente para el viajero. De los trece días de duración sólo dos de ellos son días completos de navegación para dedicarlos al relax, la contemplación y recuperación de las exigentes y largas jornadas en las ciudades de escala. Así que, tras abandonar Glasgow -leer aquí el artículo de Glasgow- y disfrutar de nuestro primer día completo de navegación a bordo, pudimos recuperar y poner a tono las piernas para la siguiente visita del viaje; Inverness, la capital de las Highlands escocesas. El "Caribbean Princess" atracó a primera hora en el cercano puerto de Invergordon, en pleno centro de la pequeña población. Desde ahí resulta muy fácil llegar en autocar hasta Inverness y la única dificultad reside en enterarse muy bien de los horarios de regreso para no llevarse una desagradable sorpresa. Los paisajes de los que disfrutamos desde la ventanilla del autocar fueron realmente bellos. Praderas infinitas teñidas de intenso verde y la propia desembocadura del río Ness en la que incluso pudimos contemplar varios ejemplares de foca gris,  hicieron muy corto el camino hasta Inverness.


Una vez ubicados en Inverness comenzamos nuestra ruta por la que es la ciudad más norteña de todo el Reino Unido y que en verano suele llenarse de visitantes en busca de los verdes paisajes y del famoso monstruo que habita el lago Ness. Lago al que renunciamos visitar por considerarlo poco interesante para nosotros. Hacía pocas fechas que acabábamos de estar de viaje por los lagos austriacos e italianos, realmente bellos, y no nos vamos a engañar, en Escocia hay multitud de lagos más interesantes que el Ness. Me sorprendió la bonita arquitectura de esta ciudad escocesa, sus cuidadas calles y el ambiente tranquilo y sosegado de sus gentes, pero sobre todo la poca circulación de coches por sus calles lo que hizo del paseo una experiencia muy agradable. Además su reducido tamaño hace que en poco más de media jornada se haya visto lo más interesante. Y una de esas cosas interesantes es el mercado victoriano donde curiosear por sus establecimientos.








El Castillo de Inverness, el monumento histórico más importante de la ciudad y que domina desde las alturas las tierras circundantes, es un bonito edificio construido también el piedra arenisca de tonos rojizos. Merece subir ya solo por las vista panorámica que se puede disfrutar, del río Ness y de la propia ciudad y alrededores. Hoy en día su propósito ya no es defensivo y sus amplias estancias han sido dedicadas a oficinas públicas aunque no es posible visitar sus interiores.


La Catedral de St Andrew se alza majestuosa a orillas del río Ness desde mediados del siglo XIX. Esta catedral episcopal se encuentra frente a las hileras de viviendas construidas en la oscura piedra muy habitual y típica de Escocia en contraposición a la piedra rojiza con la que se construyó la catedral. El acceso a sus interiores es libre y es conocida entre sus feligreses como la Catedral de las Highlands.




De camino a las Ness Islands fuimos descendiendo por la colina del castillo pasando por parques y casas residenciales en dirección sur. Las Islas Ness forman un precioso parque repleto de vegetación frondosa y de un conjunto de puentes peatonales suspendidos sobre el río para poder cruzar a las propias islas. Estos puentes construidos en hierro forjado hace pensar que por sus elaboradas formas se construyeron en la época victoriana. El intenso verde de la vegetación, casi fluorescente no dejó de asombrarnos al igual que la sensación de encontrarse en un denso bosque a sólo unos minutos del centro de la ciudad. En verano también son muy apreciables sus jardines florales.




Durante el recorrido pudimos encontrar bancos tallados de una pieza de troncos de árboles situados estratégicamente para disfrutar del maravilloso paisaje. Así mismo numerosos pescadores colocados a lo largo de cauce del río Ness probaban fortuna en la pesca del salmón, y en todo caso pasaban el rato en aquella mañana grisácea.




Atravesando el puente nuevo llegamos a uno de los puntos interesantes del paseo por la ciudad de Inverness. El Kiltmaker Centre nos dejó sorprendidos y boquiabiertos. Nunca habíamos podido contemplar semejante variedad de telas para fabricar los tartán, esa emblemática falda escocesa que tanta curiosidad levanta, los bonitos bolsos a juego que llevan e inquietantes dagas muy chulas que completan junto a las chaquetas y calcetines el típico traje escocés




Y cruzando el que quizás sea uno de los puentes más reconocibles de Inverness dimos por concluida la visita a la capital de las Highlands de Escocia. Aún debíamos dirigirnos a la plataforma de estacionamiento de autobuses donde teníamos que tomar nuestro autocar de regreso a Invergordon. Queríamos disponer de algo de tiempo para darnos un paseo por la pequeña localidad y contemplar sus numerosos murales pintados en algunas fachadas de sus casas.


3 comentarios :

Confirmo totalmente esta magnífica descripción del amigo Nacho . Preciosa y tranquila ciudad totalmente recomendable

Confirmo totalmente esta magnífica descripción del amigo Nacho . Preciosa y tranquila ciudad totalmente recomendable

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