viernes, 29 de abril de 2016

Takayama; explorando la ciudad feudal


Takayama es una vieja ciudad feudal que posee gran encanto. Su parte más antigua está formada por gran cantidad de casa de madera que la hace muy especial y atractiva. La gran mayoría presenta una altura uniforme con dos plantas de altura, y es en estas calles y en la parte baja de las casas donde se han establecido muchos comercios para satisfacer la demanda de los muchos visitantes que se acercan hasta esta ciudad de la Prefectura de Gifu. La parte antigua data del periodo Edo y algunos de sus edificios tienen cuatrocientos años de historia sobre sus vigas. Realmente la visita es muy fácil de hacer ya que las casas de la parte antigua se hallan alineadas en calles rectilíneas y paralelas entre si con lo que es difícil perderse alguna cosa interesante. Esta zona antigua es conocida por el nombre de Sanmachi Suji. En esta zona abundan los pequeños museos de toda clase, desde danzas populares a la historia local, y uno muy interesante de las carrozas del famoso festival de Takayama, el tercero más importante de todo Japón




Encontramos comercios dedicados a la artesanía. Takayama es un buen lugar para adquirir artesanía, sobre todo la elaborada en madera. Toda clase de objetos se pueden encontrar, desde útiles de cocina a vajillas, pasando por tallas en madera u otros objetos más cotidianos como un calzador de mango largo. En fin de todo. Por supuesto productos de gastronomía local y bebidas elaboradas en la zona, destacando la bebida japonesa por excelencia, el sake. Por cierto, cuando veáis en un viaje a Japón un palo cruzado por encima de la entrada del comercio o de un restaurante con unas telas colgando de él significa que se encuentra abierto al público. Sin no es que ya cerró. Y lo mejor contemplar las estructuras de madera de las casas, los rótulos de los nombres de los comercios, las viejas vigas arqueadas por el paso del tiempo, pero cuidado con las acequias que recorren ambos lados de la calzada. Si te despistas te rompes una pierna fijo.




Otra de las cosa que nos ha encantado del viaje por tierras japonesas es la cantidad de puestos de comida callejera que hay en muchas de sus ciudades y pueblos. Es una maravilla porque nos permitió probar muchas delicias locales mientras seguíamos nuestro camino de exploración por las calles. Al igual que en el resto de Asia aquí también abunda la comida de calle pero con condiciones de higiene mucho mejores.




Estas enormes bolas hechas de ramas de cedro delatan que en su interior se dispensa y se vende bebidas alcohólicas. Estos comercios son un buen lugar donde hacer una cata de los muchos tipos de sake existente en Takayama, de los que algunos te los sirven fríos y otros van servidos en caliente. La ciudad posee varias destilerías que también venden al público y que puedes visitar. Por supuesto hay que llevarse una botella o dos, o tres de sake, todo depende del peso que nos quede libre en la maleta y que nos deje la compañía aérea con la que volemos. Y como todo lo demás en los comercios de Takayama la mercancía está cuidadosamente expuesta en las estanterías, porque tan importante es la presentación como el producto en si. Algunas destilerías muestran en el exterior los toneles que se utilizan para almacenar sake.




En el centro de Takayama se pueden visitar algunos templos interesantes. Sin ir más lejos el Templo Shorenji es del año 1500 aproximadamente y fue desmontado y trasladado a Takayama desde el pequeño pueblo de Shirakawago debido a la construcción de una presa. Un panel informativo explicaba que este templo se construyó a partir de un solo cedro gigante. Otro de los edificios auxiliares da cobijo a una gran campana de bronce.




Abandonando la zona de Sanmachi Suji en dirección norte se llega a otra zona más tranquila y menos turística, pero no menos atractiva. Algunas casas se pueden visitar ya que funcionan como museo o si no la Casa Patrimonio Yoshijima, y por el camino hay varios corrales donde almacenan las carrozas del festival. Desafortunadamente los corrales se encontraban vacíos y sólo los ocupaban una foto y la leyenda explicando la historia de cada carroza. Y es que el patrimonio de Takayama es mucho y bueno debido en parte por su posición en el centro de la producción de madera de Japón. Esta riqueza dio lugar a un crecimiento de la ciudad y atrajo a artesanos, sastres, carpinteros y oficios varios para dar respuesta a las necesidades de la creciente población, y supongo que como también hacía falta diversión para todos, atrajo a productores de sake que acabaron estableciéndose en Takayama definitivamente hasta nuestros días.


Y en un pequeño local regentado por unos amables japoneses encontramos una auténtica delicia. Una comida rápida al estilo japonés, es decir, sana y deliciosa. Una hamburguesa de carne de Hida cuyos panes estaban hechos de arroz prensado aderezado con salsa de soja. Verdaderamente exquisita, algo bastante lógico si la carne utilizada es wagyu de Hida. Me hubiera comido tres o cuatro pero ya teníamos reserva para volver a cenar en el Heianraku, y que tampoco es que fueran baratas, vaya.


En nuestro camino por las calles de Takayama nos topamos con otro de los templos que posee la localidad. Los orígenes de Sakurayama Hachimangu Shrime los presuponen en el sigo V aunque fue ya en el siglo XVII cuando adquirió la formas que vemos hoy. De todas formas los numeroso templos de Takayama no son su mayor atractivo. Para  nosotros el atractivo de la ciudad reside en sus calles, sus gentes y los paisajes que enamoran de esta región de Hida. Como base para hacer excursiones a los pueblos Patrimonio de la Humanidad diseminados por los Alpes Japoneses resulta ideal.




Anochecer sobre el río Miyagawa 


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