miércoles, 8 de julio de 2015

Navegando por el río Yangón


Había llegado el momento de partir hacia el Puerto de Thilawa. Dejamos nuestro estupendo hotel ubicado en pleno centro de Yangón. El Sule Shangri-La Yangón es una de las mejores alternativas para pasar dos o tres días visitando la ciudad ya que, aunque Myanmar se va abriendo poco a poco al turismo, la oferta hotelera todavía deja bastante que desear. El antiguo hotel Traders de Yangón, actualizado por la  cadena hotelera Sangri-La, sigue conservando un ambiente colonial en sus muebles y ornamentación, y ese lujo asiático tan propio de muchos hoteles de esta parte del mundo, pero sobre todo ofrece un fabuloso desayuno bufé y un trato exquisito por parte de su personal.




La decoración del hall, los salones y la habitación estaba cuidada al máximo 

y los detalles estuvieron presentes incluso con la apertura de cama por la noche

El MS Volendam debía zarpar a las cinco de la tarde, pero debido a las mareas tuvo que soltar amarras pasadas las doce del mediodía para inmediatamente fondear en mitad del río Yangón. Era la primera vez que contemplaba una maniobra semejante, y todo debido a la escasa profundidad de este río en el que resulta imposible navegar en ciertas condiciones de marea. Así todo el Volendam navegó a través del río Yangón con unos escasos dos metros de calado entre su quilla y el fondo. Las aguas que desembocan en el mar de Andamán no son solo las del río Yangón. También aporta todo su caudal el río Bago y otros de menor tamaño. No en vano Yangón se asienta en una especie de delta gigante con numerosas arterias fluviales.


Estas embarcaciones de pesca tienen un diseño muy particular que no había podido contemplar salvo aquí en Myanmar. En cierta forma aparentan ser frágiles y quizás por ese motivo decenas de ellas fueron hundidas en el terrible tifón "Nargis"que asoló Myanmar en el año 2008. Fue uno de los diez tifones más mortíferos de Asia y provocó una ola que penetró más de 35 kilómetros en tierra firme. Nada que ver con las lentas y sosegadas escenas cotidianas que presenta el río hoy.




Los muelles del puerto de Thilawa sirven de amarre para la viejos y obsoletos buques de la armada birmana. No dan la sensación de navegar  muy a menudo pero al menos se conservan sin oxido. Las tres horas que permaneció fondeado el Volendam en mitad del río las dedicamos a disfrutar del sol, ser testigos privilegiados del numeroso tráfico fluvial que nos rodeaba, responder a los cordiales y efusivos saludos de los pescadores locales, así como observar las maniobras de grandes mercantes ro-ro que desembarcaban miles de coches usados procedentes de Japón. Durante la espera se formó una pequeña fila de buques mercantes que esperaban junto al Volendam la hora de las mareas altas para poder emprender la ruta.


La navegación por el río Yangón fue increíblemente escénica. No encontré mucha información previa acerca de esta navegación así que de esa manera fue una sorpresa agradable mucho mayor. Sus orillas están salpicadas por alguna pequeña aldea de pescadores, algunas de ellas con un pequeña estupa dorada donde rezar y elevar sus plegarias.




En una de las márgenes del río hay alojado un enorme y antiestético desguace de barcos, complementado con otros de vehículos muy viejos. Al menos da la sensación que aquí el achatarramiento de buques se realiza un poco más ordenado que en otras partes de Asia como la India y Bangladesh.




Navegando por el río Yangón, y desde la elevada perspectiva que te da las cubiertas más altas del Volendam, te das cuenta de las enormes extensiones de terreno virgen que se pierden por el horizonte sin más signos de vida que un par de humildes casas levantadas junto a la orilla del río. Y es que Myanmar es uno de los escasos países de Asia que no se encuentra súper poblado.


Otras aldeas crecen alrededor de las pequeñas estupas doradas. Escena repetida en varias ocasiones durante la navegación por el río. Desde sus orillas algunos de sus habitantes nos saludaban brazos en alto.


Acercándonos a la desembocadura del río Yangón, el Volendam continuó navegando por las sinuosas canales de navegación en busca de la bahía de Bengala y del mar abierto. En esos instantes el día nos regaló un bonito y brumoso atardecer, cuyas últimas luces aprovechaban los pescadores para remontar el río después de calar sus redes por última vez. Las islas de Langkawi en Malasia nos estaban esperando, y allí llegaríamos tras un día completo de tranquila navegación a través del mar de Andamán




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