lunes, 13 de julio de 2015

Langkawi; el paraíso de Malasia


Apenas el sol comenzaba a despuntar por el horizonte cuando el Volendam ya se encontraba atracado en la terminal de Star Cruises de Langkawi. La perspectiva que pudimos contemplar desde las cubiertas más altas del crucero nos hicieron presagiar que íbamos a tener por delante un maravilloso día en la isla de Lagkawi y en todo el archipiélago que la rodea. Compuesto de 104 Islas conocidas como la joya de Kedah y que fueron distinguidas por la UNESCO como Red Global de Geoparques más que merecidamente. Nos subimos a un autobús que nos llevó hasta la zona costera de Lubok Buaya, justo frente al acuario de Langkawi. Desde ahí pudimos acceder hasta la enorme y cuidada playa de Cenang Beach, una playa de arenas blancas, limpia y con todo el espacio del mundo porque apenas había gente en sus arenales, y eso a pesar de ser temporada alta por fechas. Una  magnífica playa, con toda clase de servicios de restauración y con una gran variedad de actividades acuáticas, y con unas aguas limpias que dan a una bonita y protegida bahía.


La playa de Cenang Beach

Los malayos no renuncian a momentos de diversión playera en familia

Pero sin lugar a dudas la forma más recomendable de conocer el archipiélago de Langkawi es por mar y en una de las numerosas lanchas que se pueden alquilar. En la isla principal conocida por el sobrenombre de la Isla Legendaria, la de mayor tamaño y una de la únicas cuatro habitadas de todo el archipiélago, se puede encontrar varios embarcaderos donde alquilar los botes. También en la playa de Cenang beach hay quioscos donde contratar los botes, alquilar kayak de mar, lanchas rápidas o motos acuáticas, todo muy bien organizado de cara al turista, y a unos precios más que ajustados.


Y eso es lo que hicimos nosotros. En la playa nos encontramos con unos norteamericanos de origen venezolano que vivían en la ciudad de El Paso en el estado de Texas y acordamos alquilar la lancha conjuntamente para compartir gastos. Por cuarenta y cinco dólares por pareja tuvimos la lancha a nuestra disposición durante cuatro horas, tiempo de sobra para explorar las partes más interesantes de este archipiélago malayo, incluida la pequeña bahía formada por islotes donde se concentra una gran población de águilas.


Según nos explicó el patrón de la barca, desde esta perspectiva de las islas se podía adivinar una figura femenina recostada. En la fotografía se puede apreciar de derecha a izquierda la cabeza, los pechos, el vientre y finalmente las rodillas. Es bastante obvio y parece que no es necesaria demasiada imaginación. 


Llegamos hasta el concurrido embarcadero de la isla Pulau Dayang Bunting donde desembarcamos de nuestra lancha para ir a visitar el lago interior de la isla. Para ello hay que subir un mogollón de escaleras que salva la falda de la montaña para después descender hasta un increíble y casi irreal lago de aguas verdosas. Todo el camino estaba salpicado de astutos y descarados monos que no dudaban en planificar ataques coordinados en busca de bolsas de patatas fritas, botellines de agua, bolsas de galletas o cualquier otra cosa comestible, y desde luego fuimos testigos de algún que otro expolio a turistas despistados.




La sorpresa es mayúscula cuando entre la vegetación aparece este gran lago interior 

En algunas de las islas es posible encontrar pequeñas cavidades donde antaño los piratas que navegaban por el mar de Andamán guardaban el botín arrebatado a los mercaderes de la primitiva ruta de las especias.


Tras unas pocas millas de navegación le dijimos al patrón que se dirigiera a una pequeña cala de una isla que tenía una solitaria y maravillosa playa. Nos apetecía darnos un chapuzón en esas preciosas aguas turquesas y también aprovechar a hacer un poco de snórkel. A medida que nos íbamos acercado aún resultaba más hermosa, nuestra pequeña y privada playa, sin nada más que la exuberante vegetación que la rodeaba por completo y las pequeñas rocas emergiendo en la orilla. Y aunque la visibilidad del agua para practicar el snórkel era más bien escasa, si que pudimos disfrutar de unos inolvidable baños en las cálidas aguas.




Un maravilloso baño en un mar en calma.... ¡Qué buenos recuerdos!

Continuando con la navegación por el archipiélago de Langkawi, alcanzamos unos de los lugares imprescindibles que no se puede dejar de conocer. En una resguardada bahía, rodeada de un impresionante conjunto de manglares, se concentraba una población de águilas que nos sobrevolaban por encima de nuestras cabezas. Los patrones de las lanchas a su vez las atraían con pedazos de carne de pollo y las águilas nos regaban a cambio una experiencia emocionante con sus piruetas aéreas y vuelos rasantes sobre la superficie del agua. No en vano Langkawi significa en malayo águila marrón rojiza.






El sistema de manglares de Langkawi es de los mejor conservados del mundo.

Llevábamos casi cuatro horas de navegación, baños, naturaleza, emociones, planeando sobre las olas entrecortadas que levantaba el viento, pero la diversión estaba llegando a su fin. Aunque aún nos restaba una última visita a otra isla, esta vez a las playas de la isla Pulau Singa Besar. Otra de las grandes islas, pero ésta nos gustó menos ya que era bastante más turística y las playas estaban más concurridas y con demasiados botes varados en la orilla. A pesar de ello era posible encontrar muchos tramos más tranquilos y sin gente, aunque siempre bajo las amenazantes miradas de los monos autóctonos en busca de una oportunidad para registrar tu mochila.




De regreso a la isla de Langkawi, camino al embarcadero donde desembarcaríamos de la lancha motora, pudimos contemplar el Volendam que lucía esplendoroso atracado en el muelle de la terminal casi como si estuviera empotrado en la selva.


Una vez en tierra firme de nuevo aprovechamos a conocer y curiosear por las abundantes galerías de arte que exponen pinturas, esculturas y tallas de madera de artistas locales. Al final sucumbimos y compramos unas máscaras tradicionales malayas talladas a mano, algún que otro souvenir y unos cuantos pantalones de algodón que resultan de los más frescos y cómodos. En esta larga avenida abundan los restaurantes ofreciendo toda clase de exquisiteces. Y es que la malaya es de las cocinas más diversas y sabrosas del sudeste asiático, y en Langkawi hay mucho y muy variado, y con la ventaja que los precios acompañan siendo muy económico comer en sus restaurantes, excepción de platos a base de langostas y alguna que otra delicatessen. 


El Underwater World es el mayor acuario de todo el sudeste asiático

Y aunque aún nos quedaba algún que otro atractivo por conocer en Langkawi como el skybridge, el puente curvo sobre la selva de Langkawi, o subir al teleférico del monte Mat Cincang para disfrutar de unas vista panorámicas de parte del archipiélago, el día había pasado volando y enseguida comenzaba a caer la noche. Un día que vivimos intensamente y que disfrutamos muchísimo que es de lo que se trata al final, y que además nos dio una primera impresión muy positiva para, quizás en un futuro no muy lejano, regresar en un completo viaje por tierra y avión. Pero aún nos restaba vivir intensamente una partida desde el puerto de Langkawi que nos volvió a regalar unas fabulosas vistas de las islas y los canales que las circundan.




El pequeño muelle de la terminal de Star Cruises de Langkawi.

Si algo hemos sacado en claro de esta escala en la isla de Langkawi es que definitivamente Malasia tiene una joya paisajística increíble, y que desde su gobierno no saben venderla del todo. Cuando buscamos información sobre este destino antes de iniciar esta aventura, desde la web oficial de turismo pasaban bastante de puntillas y no incidían en la verdadera belleza de este archipiélago. Sólo desde los blogs de algunos viajeros pudimos ser conscientes de la belleza y de los atractivos que este destino tiene para los viajeros, y que una vez in situ podemos corroborar desde este otro humilde blog.


2 comentarios :

que guapos los protagonistas! Como apetece ir ahí, ya me veo en el barquito paseándome entre los islotes

Muchas gracias Melli......Es un destino precioso par recorrer en una pequeña barca

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