domingo, 29 de abril de 2012

Sihanoukville; la exótica costa de Camboya



Sihanoukville fue la siguiente parada de nuestro viaje por Asia, y Camboya uno de los países más exóticos y desconocidos de los que visitamos en el sudeste asiático. Llegamos al puerto de Sihanoukville en la que iba a ser una espléndida jornada descubriendo la costa de Camboya. Al desembarcar ya nos estaban esperando los autobuses que nos acercarían desde la cuidada zona portuaria hasta el centro de la población donde verdaderamente tomamos contacto con la realidad de Camboya. Como curiosidad, los asientos de los autobuses son extremadamente estrechos y yo, sin ser especialmente grande ni grueso, ocupaba casi asiento y medio, y así con todos los demás autobuses de Camboya y de Vietnam en los que montamos. Afortunadamente el trayecto era corto...y el autobús iba a poco más de media ocupación. La llegada al  centro urbano de Sihanoukville fue absolutamente caótica. Al colapso circulatorio se unió el asedio a través de las ventanillas por parte de los conductores de tuc-tuc y otros oportunistas varios en busca de dólares. Era como si hubiera empezado a caer el maná de los cielos en forma de turistas americanos. Ante tal perspectiva a algunos americanos del autobús se le quitaron las ganas de explorar la ciudad por su cuenta y decidieron dar media vuelta de regreso al barco. Nosotros bajamos los primeros, y después de unos primeros instantes en los que casi tuvimos que apartar con las manos a tantos entusiastas y ofrecidos camboyanos, nos dirigimos a visitar el mercado central de Sihanoukville




El mercado central de Sihanoukville está levantado básicamente con chapas y unas pequeñas columnas. En él pudimos encontrar casi cualquier cosa. Desde vestidos de seda, camisetas, gorros, pantalones de todo tipo a frutas, verduras, algo de carne y cómo no, pescado seco con su penetrante olor. Sin dudad es uno de los lugares donde se concentra  la población local, y a su alrededor se mueve todo tipo de transporte, ya sea de personas como mercancías. Es totalmente increíble lo que pueden llegar a cargar en una pequeña moto. Justo alrededor del mercado se levantan humildes viviendas y talleres artesanales de oficios ya casi olvidados en Europa. Unas pequeñas estructuras de hormigón con unas cuantas tejas y complementado por chapas metálicas bastan para dar forma al pequeño taller o a una vivienda. De todas formas todavía es posible ver muchas construcciones heredadas de la época del colonialismo francés medianamente conservadas. Después de haber explorado largo tiempo el centro de Sihanoukville, había llegado el momento de negociar el precio de un tuc-tuc para que nos llevara hasta las playas de Camboya.







Paramos a un tuc-tuc y, después de una breve negociación, por tres dólares acordamos que nos acercara hasta la zona de playas que está relativamente lejos del centro. Los alrededores del mercado se ven saturados de tráfico y, aunque parezca mentira, en muchos cruces hay grandes atascos de motos donde algún policía de tráfico se las ve y se las desea para intentar poner orden entre tanto caos. Por el camino pudimos ver a muchos niños, todos con el mismo uniforme y que salían de los colegios, y como los atascos desaparecían y las avenidas se ensanchaban a medida que nos alejábamos del centro urbano. También pudimos hacer algunas carreras con otros pasajeros del Zaandam que también iban montados en tuc-tuc en unas desenfrenadas carreras hacia las playas. Y es que con lo que apretaba el sol a esas alturas del día, lo único que deseábamos era desprendernos de la ropa y zambullirnos en las cálidas aguas del golfo de Tailandia.


Competiciones de velocidad en tuc-tuc con nuestros amigos americanos y australianos

 Se va muy cómodo y no apetece bajarse, pero la promesa de una fría y rica cerveza camboyana...




Y ya estábamos en la playa, concretamente en la playa de Ochheuteal, un largo y estrecho brazo de arena blanca llena de hamacas y sombrillas de los chiringuitos que bordean toda la playa. A parte de eso, se nota que Camboya aún no está muy desarrollada turísticamente hablando, y no existen construcciones hoteleras mastodónticas, a diferencia de su vecino vietnamita, y Sihanoukville no iba a ser una excepción. Pero nos da la impresión que ésto no durará demasiado tiempo, y tendremos que darnos prisa en volver a visitarla antes de que cambie del todo y pierda su esencia, como ya empieza a ocurrir en Angkor. De momento te puedes hospedar en encantadoras cabañas de madera casi al borde del mar  y que están regentadas en su mayoría por europeos o australianos, y que ofrecen alojamientos con todos los servicios e integrados plenamente en el precioso entorno.







Nosotros, por lo pronto, nos acomodamos en unas tumbonas de unos de los chiringuitos playeros, y fui a pedir unos cócteles a la barra. Cuando me dí la vuelta, Ceci estaba rodeada de vendedoras de todo tipo. Una la ofrecían pulseras, otra collares, las más estaban diplomadas en toda clase servicios. Tan pronto te daban un masaje como te pintaban las uñas, o te hacían la pedicura, o bien te depilaban diestramente de raíz con unos fino  hilos. Aunque al principio eran muy insistentes, la verdad es que también eran muy educadas y pasamos un buen rato, sobre todo con una de ellas que era la más expresiva de todas.   No se acababa de creer que yo fuera el marido de Ceci, porque como no llevaba anillo de casada, entonces yo no era su "married", como decía ella. Muy simpática la chiquilla.  Cuantas veces  hemos vuelto a pensar en ella cuando recordamos este maravilloso viaje.  El hecho de que  te ofrecieran sus servicios o sus artesanías, y que no pidieran limosnas, es algo que nosotros valoramos muy positivamente. Al cabo de un rato que ya habíamos dejado de ser la novedad, nos abandonaron en busca de nuevos posibles clientes, y pudimos darnos un chapuzón en las azules aguas de Camboya. Aunque refrescarnos, nos refrescamos bien poco, porque el agua debía estar a más de 30 grados de temperatura y casi se estaba mejor fuera del agua que dentro de ella.




A lo largo de la playa vendían todo tipo de comida....

....y esta especie de santiaguiños asados que tenían una pinta estupenda


Poco a poco la tarde fue avanzando y, tras una ardua y dura negociación con un listillo de un tuc-tuc, había llegado el momento de regresar de nuevo al mercado central de Sihanoukville, para después de darnos otra vuelta por el centro de la ciudad, y de hacer unas compras, tomar el pequeño autocar que nos llevó de regreso al barco. Nos llevábamos un grato recuerdo de la gente de Camboya, y eso que para una gran parte de ellos, la vida es verdaderamente dura, como la de unos niños de apenas cuatro años que pasaban por las tumbonas recogiendo las latas de bebida vacías para venderlas. Al llegar al puerto la diferencia de tamaño de nuestro Zaandam con el pequeño Seabourn Pride, que también se encontraba atracado en Sihanoukville era más que notable. Y, quizás porque en Asia no es muy habitual coincidir con otros cruceros, los dos barcos se enzarzaron en una emocionante batalla de bocinas mientras zarpábamos rumbo a Ho Chi Minh y al Mar de China Meridional.




preparándonos para embarcar...

una pagoda levantada en una isla frente a Sihanoukville

Otro maravilloso atardecer en el Golfo de Tailandia....

....y las cubiertas del Zaandam el mejor balcón para contemplarlo 

4 comentarios :

Muy buenooo! estoy haciendo un trabajo y me servio mucho tu info!! gracias!

Me alegra mucho que te haya servido de ayuda Santiago. Un saludo

Nacho,las hamacas van incluidas con el cóctel?

Si, sin problema. Toda la playa está llena de bares con sus tumbonas medio destartaladas y sombrillas. Con tomarte una cerveza ya puedes hacer uso de ellas. Recuerdo que hacía mucho calor pero el problema es que el agua del mar en ese punto del Golfo de Tailandia debe de estar como a 30 o 31 grados. Así que lo único que refresca una helada cerveza Cambodia

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